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martes, 10 de septiembre de 2019

Presentación novela: «El cielo en tus ojos»

¡Hola a todos!

¿Cómo está siendo la vuelta a la rutina? La mía bastante intensa, pero con ganas de coger el ritmo. Por ello, hoy os traigo una pequeña presentación de un libro que se publicó este verano y que nos habla de pasado, presente, de enfrentarnos a los problemas y de superarlos. 

¿Quieres conocer mejor a sus protagonistas masculinos? Su autora, Ángela Drei, nos los presenta.

He quedado en el bar de Beth para charlar con los protagonistas de «El cielo en tus ojos». En una de las mesas me esperan Evan, Jeam y Baran. Están tomando unas cervezas y hablan entre ellos, no parecen muy contentos. Baran asiente varias veces, con los labios apretados y esa arruguita que se le forma en el entrecejo cuando está molesto por algo. El único que parece relajado es Evan, que se recuesta con calma en la silla, con los pies estirados y una media sonrisa juguetona que hace brillar sus ojos negros. A su lado, Jeam sujeta la jarra de cerveza y se coloca el cuello de la camisa. En cuanto me acerco, los tres se levantan y me estrechan la mano. Tres apretones fuertes. Tres hombres muy diferentes pero con algo en común: hay fuerza y determinación en su mirada.

EVAN

Así que quieres que te cuente algo de mi vida… deja que piense. No me gusta hablar de mí, esa es la verdad. Antes vivía en Nueva York, pero no me gustaba, estaba harto de los coches… ya sabes (en este momento me guiña un ojo y no puedo evitar sonreír como una boba). Así que me largué. A Jeam le iba bien y decidí probar suerte con él, no me asusta trabajar duro. Soy invencible. Y aquí estoy, en Lincoln.

No se me ocurre nada más. Me levanto muy temprano (hace una pausa para hacer un gesto de odio a Jeam, que niega con calma) y voy a trabajar, estamos haciendo una reforma en el hospital, es un buen curro. Cuando puedo salgo con los compañeros a tomar algo, hay un local genial donde suelen ir los médicos, tiene buena cerveza. (Jeam carraspea y Evan pone los ojos en blanco antes de seguir). Hay una chica, sí. Trabaja en el hospital. Es preciosa (en este momento las risitas de Jeam y Baran hacen que Evan vuelva a lanzarle una mirada de advertencia, pero no parece que esté enfadado de verdad). Estoy loco por ella. Pero no se lo digas.


JEAM
Mi nombre es Jeam Grant, aunque Evan se empeña en llamarme Gran Jeam, el apodo que tenía hace años en Nueva York. Cuando vine a Lincoln no tenía ni idea de lo que iba a encontrarme, pero trabajé en todo lo que salía hasta que conseguí comprarme una casa. Es pequeña y está un poco alejada, pero está bien para mí. Eso es todo.

(Evan le da un codazo y los dos murmuran algo, entonces Jeam dice algo entredientes y hace que el chico se eche a reír de esa forma desenfadada tan suya).
Hay cosas de las que no me gusta hablar, lo siento, y mi vida privada es una de ellas. No tengo ninguna relación ni quiero. Estoy bien así.
(Aunque escucho algunas protestas de Baran y Evan, Jeam cruza los brazos sobre su enorme pecho con la mirada firme. No hay más preguntas, está claro).


BARAN

Nací lejos de aquí, en Europa. Llegué a Lincoln casi al mismo tiempo que Jeam y tuve la suerte de encontrarle. Trabajamos juntos. Es un buen jefe. (Jeam le da un golpe amistoso en el hombro y se lanzan una mirada que dice más que sus palabras).

Me gusta vivir aquí. Aunque no quiero trabajar toda mi vida de obrero. Me gustaría abrir un gimnasio. Tener algo mío. (Antes de que haga la siguiente pregunta, niega con la cabeza y sus ojos azules muestran una frialdad que no me sorprende)
No hay ninguna mujer. Estoy bien solo.








Y estoy es todo lo que puedo contar. El resto prometí que me lo guardaría. Lo que sí puedo adelantar es que esconden mucho más de lo que dicen, hay toda una historia detrás de cada uno de ellos, una que explica por qué tres hombres tan distintos han terminado en una ciudad como Lincoln.


















lunes, 21 de mayo de 2018

Nuevo Proyecto: Nervios asegurados

¡Hola, gente!

¿Qué tal el fin de semana? Para mí, excesivamente corto. Ayer leí por redes una imagen que decía "Deberían denunciar al fin de semana por exceso de velocidad", o algo así. La cuestión, que tienen toda la razón. Pasa tan rápido, que no nos damos ni cuenta.

Pero bueno, nos dejamos de lamentos, porque llega nueva semana, un nuevo lunes y, para mí, este es especial. Es, diferente. Porque vengo a contaros una cosa...

Tengo un nuevo proyecto en marcha.


No es de hace dos días. Ni siquiera, de hace dos meses. Llevo con él más de dos años pero, entre que la vida te pone impedimentos, entre que sacar tiempo se convierte en misión imposible, entre que nos lo pensamos y nos lo volvemos a pensar, el tiempo se nos ha echado encima y el día señalado ha llegado.

No es el fin del mundo ni el apocalipsis, ¡Tranquilos! Que a veces me pongo en plan mística y me lío. La cuestión es que es algo que tenía en mente desde hace tiempo, en el que no solo me he volcado yo, sino también mucha otra gente, a la que le estoy eternamente agradecida. Un proyecto que me hace especial ilusión compartir con todos vosotros... en breve. Solo os puedo decir que esteis atentos a mis redes sociales, que se han convertido en mis mejores amigas, serán las encargadas de ir desvelando cositas. Hasta entonces, solo deciros... ¡Qué estoy de los puñeteros nervios!